Iniciar un proceso de sanación espiritual, es una tarea que demanda mucha valentía.

No solamente nos abrimos a la percepción de una parte de nuestra existencia que no es tangible, sino que también emprendemos el camino de autoconocimiento.

Por muchos años venimos aprendiendo desde la experiencia de los demás. Primero, desde las personas que cumplieron un rol importante en nuestra infancia y desarrollo, y en segundo lugar, se encuentra la influencia que tiene la cultura, sociedad y el lugar donde nacimos, en la creación de nuestra realidad.

 

Toda esa información construye nuestra personalidad y la percepción que tenemos de nuestro entorno.

Son conceptos que viajan de generación, en generación.

 

Comportamientos en respuesta a las carencias de la infancia, de los primeros encuentros amorosos, de las relaciones que vamos teniendo con la familia y amigos, y cualquier evento traumático que haya condicionado la manera en cómo nos percibimos a nosotros mismos.

Más de lo que nos gustaría aceptar, esta información tiene un uso funcional, con fecha de vencimiento.

La forma en cómo nos manejamos, desde nuestra percepción e identificación con la personalidad construida, tiende a limitar el crecimiento de la evolución del alma. La condición más sutil de nuestra experiencia como seres espirituales, viviendo una experiencia humana.

El alma o la conciencia superior de nuestra existencia, es un cuerpo de diferentes campos energéticos.

La energía no puede destruirse, pero su tendencia es la transformación. 

Para que esta energía pueda fluir en armonía, siguiendo el curso de su evolución, es importante que trabajemos en la renovación y mantenimiento de nuestras estructuras psicológicas, emocionales y físicas, para dar lugar a la transformación.

 

El trabajo energético, el procesos de sanación y la alienación.

Cuando empezamos una terapia alternativa, basada en el trabajo energético, tenemos que tener siempre presente, que no nos ayuda en nada esperar resultados instantáneos.

Las terapias energéticas buscan sintonizar la energía del cuerpo físico, a la vibración de las frecuencias que mantienen en armonía, los tres aspectos que dan sentido a nuestra vida: Cuerpo, Mente y Espíritu; en resonancia con la esencia del cuerpo energético sobre el que se trabaja.

Como resultado de este proceso, la primera etapa de sanación, es un periodo de desconstrucción y limpieza profunda.

En esta primera etapa, se trabaja en traer a conciencia, todo lo que está obstaculizando el fluir armónico del campo energético.

Emociones enraizadas en el pasado pueden resurgir, y también pueden despertarse al mismo tiempo, los viejos patrones que nos detienen de observar esos obstáculos, y emprender una acción para superarlos.

Con las emociones y la vieja programación del Ego a flor de piel, debemos tener una disciplina y un compromiso sincero con el proceso de sanación, y al mismo tiempo conservar una mirada compasiva y amorosa, para no castigarnos en los momentos de más vulnerabilidad, donde a veces pondremos pausa al proceso, o desviaremos el enfoque “sin darnos cuenta”.

Perder la orientación, es un aspecto totalmente normal en el trabajo introspectivo.

Para hacer de esos momentos, tan solo una breve parada para tomar impulso, podemos apoyarnos con ejercicios de escritura terapéutica.

El resultado del trabajo energético en el cableado del cerebro, puede verse altamente beneficiado por la herramienta de la escritura, ya que retroalimentamos un ejercicio de limpieza psicoemocional; Haciendo espacio en nuestra psique (trabajo energético) y liberando todas las emociones (escritura) que obstruyen el flujo natural de la evolución. De esta manera, logramos ver con claridad los patrones limitantes que surgen como respuesta a la estimulación emocional, y aprendemos a discernir entre lo que importa, y lo que no.

Soltamos con facilidad, porque logramos poner nuestro bienestar en primer plano.

Para romper el hielo y atrevernos a registrar nuestro proceso de sanación, nos podemos apoyar respondiendo una serie de preguntas que nos permitan descubrir, lo que realmente buscamos a través de este proceso.

 

Preguntas para iniciar la práctica de escritura terapéutica:

– ¿Cómo percibo mi actual situación vital?

Esta pregunta es una oportunidad para sincerarnos con la realidad.

Observar todas las áreas de nuestra vida, y preguntarnos cuál de éstas ya no traen nada positivo al crecimiento personal. Podemos descubrir que hay muchas cosas que nos gustaría cambiar y que todavía no nos habíamos dado cuenta. En contraste, pero no menos constructivo, podemos darnos cuenta que hay más aspectos positivos de los que éramos capaces de percibir, y podemos empezar la construcción de nuevos caminos, con bases firmes y fortaleza emocional. Esto también nos permite practicar la gratitud, ya que podemos llegar a observar la abundancia en salud, amor y materia, que por estar enfocados en la carencia, no percibimos.

– ¿En qué ocupo mi espacio en el presente?

Escribir sobre lo que hacemos a diario a favor de nuestra salud, de nuestro crecimiento personal, de amor propio y autoestima.

-¿Cual es el rol que cumplo en mis relaciones? Trabajo, pareja, familia y amigos.

Escribir sobre nuestros vínculos, nos aclara la compatibilidad, y nos permite detectar si alguien se está llevando nuestra energía, consciente o inconscientemente, dejando un vacío emocional, y limitando el crecimiento personal, y por ende del vínculo.

Cuando nos hacemos consciente del apego que tenemos a otras personas, a lugares y a ideas, podemos fácilmente perdernos, entre las ganas de dejar ir y la resistencia del cuerpo del dolor o el Ego.

Lo importante es mantenernos enfocadas al presente, y no remontarnos en recuerdos o ilusión del futuro que deseamos.

Sea lo que sea, que buscamos, nos encontrará, siempre y cuando hagamos espacio para que llegue.

Teniendo esto último en cuenta, nos hacemos las siguientes preguntas:

-¿Cómo imagino mi vida, si todos los obstáculos que ahora existen, no existieran?

-¿Cómo puedo liberarme en armonía, de los obstáculos que me mantienen sin avanzar?

-Sí las situaciones que queremos cambiar son ajenas, ¿Cómo lo dejo ir?

Estas tres últimas preguntas, nos llevan a una segunda etapa en el proceso de sanación:

La alineación con el poder personal y el descubrimiento o construcción de un propósito en armonía con nuestra energía.

Una vez abierta la puerta del alma, es difícil cerrarla o echar para atrás. Todo lo que brota del Ser está en conexión con la materia,

y la manifestación de lo que deseamos ver en nuestro crecimiento, depende mucho del lugar que damos en nuestro estilo de vida, al desarrollo de una parte fundamental de nuestra existencia.

El fortalecimiento de la inteligencia emocional, da lugar al poder personal, y a la creación de una vida acorde con lo que nos hace sentir plenitud y equilibrio.

Si bien el hecho de que no controlamos nada de lo que externamente sucede, es una absoluta verdad; podemos elegir cómo nos movemos ante los interminables ciclos de transformación a los que estamos sujetos por naturaleza. Podemos elegir cómo responder al sistema en el que vivimos, y podemos decidir si queremos o no, beneficiar al mundo con nuestro estilo de vida, con el simple hecho de enfocar nuestra energía en la evolución de nuestro carácter y no en la manera en cómo se manejan los demás.

El camino de sanación espiritual es una oportunidad para vivir desde una perspectiva integral, donde todo lo que nos rodea se adapta de acuerdo a la transformación personal y lo que estamos dispuestos a dejar ir.

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