Atención plena es un ejercicio mental cuyo principal enfoque es traer la atención al presente a través de la respiración y la estimulación sensorial.

El entrenamiento regular de llevar la atención al cuerpo permite que gradualmente crezca el espacio donde emerge la conciencia y de esta manera estar más presente en los estados emocionales. Esto es una de los tantos beneficios que los ejercicios de atención plena comparten con la meditación.

Poder sentir las emociones con calma y observar el comportamiento de la mente nos ayuda apoyando los procesos terapéuticos. Se reducen y previenen los episodios de ansiedad y estrés, porque el ejercicio nos conecta con la raíz que estimula y dispara estos síntomas.

Estas son solo algunas de las claves que hacen de la atención plena una herramienta esencial en el autoconocimiento y el cuidado personal holístico.

Otros beneficios de la práctica de atención plena son:

  • Mejoras al dormir
  • Fomenta la claridad mental
  • Crecimiento de la resiliencia emocional
  • Ayuda a superar hábitos profundamente arraigados
  • Mejora la memoria y el rendimiento académico

Muchos de los beneficios que trae el ejercicio de atención plena pueden observarse luego de un periodo prolongado de práctica regular, pero el beneficio de estar presente en el ahora lo obtenemos en seguida que nos damos unos 5 minutos para practicar técnicas como las que compartiré aquí.

Técnicas simples para la práctica de atención plena

Llevando la atención al cuerpo energético

Esta técnica se puede practicar recostados en el piso, u otra superficie plana como por ejemplo una camilla. Luego de respirar profundamente desde el abdomen, relajando el cuerpo en cada exhalación, vamos a levantar el brazo derecho y llevaremos la atención a la sensación o falta de la misma que nos confirma la existencia del brazo.

 

Podemos ayudarnos haciéndonos mentalmente la siguiente pregunta:
¿Si ni estoy tocando nada, no estoy sosteniendo nada, y tampoco puedo ver mi brazo, como se que está allí?

 

Permite que la pregunta surja y dejala ir, entrégate a la experiencia de responder llevando la atención a la sensación del brazo. Una vez que estemos conectados con la existencia del brazo, más que con su tacto, su forma o movimiento, mantenemos la atenciona allí, respirando lentamente y sin ningún esfuerzo extra.

Simplemente llevaremos toda la conciencia a el brazo derecho, y luego de un par de minutos, lo hacemos nuevamente con el brazo izquierdo y luego reposamos ambos brazos a los lados del cuerpo.

 

Podemos seguir esta práctica llevando la atención al pecho, de la misma forma que hicimos con los brazos, usaremos la respiración consciente para sentir la vida del cuerpo interno.

 

Cuando la atención está posada en el cuerpo, no está en ningún otro lado.
Está presente y lejos del ruido mental, que por momentos puede interrumpir, pero siempre podemos volver al ahora a través del cuerpo.

 

Duchas Conscientes

El beneficio de las duchas frías sobre los episodios agudos de ansiedad son ya muy conocido y es un grupo importante de personas el que considera las duchas de agua fría, un sistema terapéutico alternativo.

 

Quizá para algunas personas resulte ser una practica muy drastica, pero la realidad es que las altas temperaturas tienen el poder de traernos de inmediato al presente.

 

En la práctica de las duchas conscientes, el ejercicio gira en torno al aumento gradual de la temperatura y puede realizarse bajo la ducha o en una bañera de agua entre tibia y caliente.

 

Mientras que debajo de la ducha simplemente iremos regulando la temperatura con las canillas, en la bañera dejamos del lado de afuera, contenedores con agua con hielo, y con la ayuda de un paño absorbente o jarra, vamos a tirar agua helada en diferentes partes del cuerpo despertando la atención en cada una de esas áreas.

 

Con la práctica regular y con la ayuda del anclaje en la respiración, comenzamos a observar el momento exacto en el que la atención es traída al presente a través del cambio de temperatura. Con esta práctica a largo plazo, construimos cada vez más espacio para que emerja la conciencia en el presente y logramos observarnos desde allí por mucho más tiempo.

Con la mente posada en el cuerpo habitamos el ahora, de manera que no existen múltiples miradas desde las diferentes versiones  que narra la mente y que generalmente provocan desbalance. Solo esta el presente y la vida en plenitud.

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