El equilibrio emocional es un tesoro muy buscado pero los caminos que llevan a el no están en ningún lugar fuera de nosotros.

Estamos atravesando momentos que ya llevan unos cuantos años deconstruyendo paradigmas muy familiares pero inestables. Mientras experimentamos situaciones que han despertado mucho miedo, incertidumbre y dolor, una nueva era de despertares masivos recupera fuerza y nos convertimos en testigos de estructuras colectivas que se disuelven en el caos, pero principalmente, experimentamos la caída de nuestras propias estructuras y creencias. Caminando en dirección a lo desconocido vamos tanteando en la oscuridad tratando de integrar lo nuevo, intentando mantener nuestro equilibrio emocional, pero muchas veces sintiendo rechazo y miendo a lo que se está experimentando, porque el proceso de desapego y la desidentificación es un proceso muy profundo y nada lineal. Estos son movimientos muy íntimos.

Al integrar algunas de nuestras sombras descubrimos lo que se esconde detrás del miedo a soltar, a observar los condicionamientos, y hacerle espacio a la transformación. Vamos permitiendo que lo viejo se muestra a plena luz consciente para elegir cómo movernos y crecer. Todo este movimiento interno tiene momentos de pérdidas y duelos muy difíciles de sostener. La reacción más natural es la de intentar calmar o evitar las emociones que despiertan con algo que nos brinde una sensación de control y seguridad, para poder encontrar algo de equilibrio emocional.

Algunas de las actitudes que llevan a construir equilibrio emocional de manera compasiva son actitudes muy presentes en el cultivo de una atención plena a través de la práctica de mindfulness. Son actitudes que se encuentran muy en el interior de cada ser y no tienen nada que ver con el equilibrio que vemos en los demás y comparamos con nuestra situación. Construir equilibrio a través de estas actitudes tienen un potencial que emerge de nuestras propias necesidades y de nuestros propios deseos.

 

Las actitudes para cultivar el equilibrio emocional son sugeridas por el creador de los programas de reducción del estrés a través del mindfulness, el Dr. Jon Kabat Zinn.

 “La práctica de mindfulness es como trabajar en el cuidado de un jardín:
el jardín florece cuando ciertas condiciones están presentes.” – Jon Kabat-Zinn

 

Cultiva el equilibrio emocional practiando estas actitudes

1. No juzgar.
Asumir una postura de observador imparcial, sin juicios mecánicos ni etiquetas que pueden conducirnos a posturas precipitadas. Podremos ver mejor la realidad si no nos vinculamos tan emocionalmente con ella. Tampoco hay que juzgar y castigar por caer en los juicios porque esta y todas las siguientes actitudes son meras prácticas que se van fortaleciendo con el tiempo.

2. Paciencia
Tener paciencia con el proceso personal y de otros ya que lleva algún tiempo adquirir lo que se está aprendiendo. Esto se fortalece de la autocompasión y de mantenerse abierto a cada momento que se desarrolla en el día a día. La paciencia demuestra que comprendemos que todo lleva su tiempo en sanar, desconstruirse, crearse, construirse, y adaptarse.

3. Mente de Principiante.
Se trata de contemplar las cosas como si se experimentaran por primera vez, con curiosidad, captar que ningún momento es igual a otro y que posee posibilidades únicas. De toda circunstancia se puede aprender algo.

4. Confianza.
Confía en ti mismo y en tus sentimientos, en tu sabiduría, recursos y talentos naturales, escucha tu intuición y mantén la autenticidad. Si sientes que algo no vibra contigo no tienes que ser parte de esas situaciones. No podemos comparar la experiencia ajena con la nuestra. Aceptar que cada persona es única y que cada persona cuenta con sus propias fortalezas, abrazando las diferencias en plenitud

5. No esforzarse.
Es posiblemente la actitud más paradójica pues, aunque meditar exige un esfuerzo, los mayores beneficios llegan del no esfuerzo. Se trataría más bien de no esforzarse por alcanzar resultados, de conseguir objetivos (calmar un dolor, tranquilizarse, hacerse mejor persona) y aceptar las cosas tal como son y cómo se van presentando, poniendo más énfasis en el proceso. Sería algo así como meditar no “para” si no “porque” (no medito “para” calmar este dolor, si no “porque” siento dolor), asumiendo una postura humilde y compasiva, sin intentar llegar a ninguna parte.

6. Aceptación.
Observar lo que ocurre y admitir lo que pasa tal cual es en el presente, sin intentar que sea de otra manera o sumarle interpretaciones personales basadas en viejas experiencias. Cuando intentamos forzar situaciones para que se sientan como nos gustaría, en vez de verlas y vivirlas tal y como son, se gasta gran cantidad de tiempo y energía y se acumula tensión. Esto no se trata de confundir la aceptación con desesperanza, resignación o pasividad.

La aceptación de la que hablamos significa desarrollar la habilidad de ver las cosas como son para poder tomar mejores decisiones, más sabias. Si intentamos resolver desde interpretaciones falsas es muy difícil que actuemos de forma adecuada.

7. Dejar ir.
Ceder, no apegarnos a determinadas cosas, ideas, sensaciones y espacialmente los resultados. Cuando comenzamos a prestar atención a nuestra experiencia interna, es muy frecuente darnos cuenta de que nuestra mente tiende a aferrarse a algunas cuestiones del pasado o del futuro. En la práctica meditativa dejamos ir esos pensamientos, soltamos, dejamos ir y dejamos ser.

Intenta poco a poco integrar estas actitudes en tu vida cotidiana, permitiéndote siempre observar el desarrollo y la práctica con compasión y amabilidad, abrazando el procesos de aprendizaje a través de las prácticas de meditación mindfulness y todo lo que te propongas para sentirte mejor y vivir en armonía.

En EL HAPPY PLACE contamos con programas de entrenamiento en meditación mindfulness para la gestión emocional, en las que abordamos estas actitudes cultivando el espacio interno para que crezcan. Por consultas sobre estos programas puedes comunicarte a través de la pestaña de CONTACTO. ¡No dudes en comunicarte!

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